29 de octubre de 2010

OPTIMISMO DEL INTELIGENTE O FELICIDAD DEL IDIOTA…

Nadie duda de que una actitud optimista nos ayude a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades.

El optimismo del inteligente y la felicidad del idiota podrían ser la misma cosa pero yo creo que no son lo mismo porque uno de ellos se puede aprender y el otro es innato. Descubrir cuál es innato y cuál se puede aprender te llevará toda la vida, o al menos a mí casi la mitad, 42 años de existencia y aún no lo tengo claro.

El refranero español ya nos indica sin lugar a la duda de que no es tan fácil diferenciar a un optimista inteligente de un idiota feliz, y de muestra un botón: “ojos que no ven, corazón que no siente”.

Esta disposición de interpretar acontecimientos externos en positivo esperando que el futuro depare resultados favorables es un sistema natural y automático de defensa ante la depresión generada por un presente hostil y negativo.

Se trata de una característica que viene con el ser humano pero que como tantas otras cosas hay que potenciar y pulir, por ese motivo considero que este tipo de habilidad se puede y debe enseñar a los niños en los colegios desde su primer día de parvulario, antes de que pudiera emerger en su tierna infancia la otra tendencia, aquella que conduce al ser humano al fatalismo, a ponerse en lo peor, a no concebir más allá de un escenario oscuro y tenebroso.

Dicho de otra manera, entrenaremos a esos niños para que se esfuercen en imaginar el futuro buscando soluciones, ventajas y posibilidades, en vez de obligarles a focalizar toda su atención en descubrir inconvenientes y dificultades que sólo generan apatía y desánimo.

No sé si serán estos niños en el futuro hombres inteligentes o idiotas pero sin duda serán personas optimistas y felices; y hoy nadie duda de que aquellas personas que poseen altos niveles de optimismo y esperanza son capaces de generar un futuro positivo y tienden a salir fortalecidos de situaciones traumáticas y estresantes como puede ser la crisis económica que estamos sufriendo en el país.

A mí me hubiera gustado que en mi infancia me hubieran enseñado a potenciar el optimismo, seguro que me habría evitado muchos disgustos inútiles y alguna lágrima amarga ...
¿No crees?.