26 de febrero de 2013

LOS BUEYES ESTÁN CANSADOS… 2

De la falta de ética se ha llegado a la crisis económica… por lo tanto la crisis económica es el resultado de una sociedad sin valores, y eso es sí es grave.

Todos los medios de comunicación insisten en que estamos en una gravísima crisis económica pero nadie indica cómo hemos llegado a ella.

Muchos pensamos que más que una crisis económica estamos en una crisis de valores porque ambas van de la mano o quizás la de valores ha precedido a la económica.

Hace bastantes años que los valores de la honradez, la lealtad, la tenacidad, el esfuerzo han brillado por su ausencia en todos los niveles tanto sociales como políticos. Lo importante era hacer dinero sin tener demasiados escrúpulos de cómo se hacía. Dinero fácil sin pedir esfuerzo para obtenerlo. De hombres políticos con manos limpias pocos y como dice el refrán: “Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”. Se rompió la burbuja.

crisis de valores

El sistema actual está quebrado económica y éticamente; nada ni nadie se salva de la quema. El presidente del Consejo General del Poder Judicial denunciado por utilizar dinero público para financiarse unas vacaciones de lujo en Málaga. El juez que quiso desvelar las tramas de corrupción en Valencia es obligado a salir de la carrera judicial. La Casa Real utiliza el dinero de nuestros impuestos para financiar una caza de elefantes en un país donde la esperanza de vida supera ligeramente los cincuenta años. Los ex-ministros pasen a formar parte de las grandes empresas, recibiendo remuneraciones millonarias, a las que de una u otra forma han beneficiado a lo largo de las últimas décadas. Y quienes estuvieron al frente de las entidades financieras que nos han traído paro y recortes se jubilan con indemnizaciones multimillonarias o acaban dirigiendo nuestras instituciones.

Características de las conductas que nos han llevado a esta situación:

1. Individualismo. Sólo si se piensa en el bien común se consigue contribuir al progreso de la sociedad. El bien común nunca es la suma de los intereses individuales de cada una de las personas. El bien común sólo se alcanza si cada uno estamos dispuestos a sacrificarnos, a renunciar, en favor de los demás.

2. El materialismo. Nadie aspira a "ser", solo se aspira a "tener". Cuanto más se tiene, más importante se es, independientemente de la legitimidad de la obtención de dicho patrimonio.

3. El relativismo, la negación de que existan acciones absolutamente buenas y absolutamente malas. Todo depende de la mal entendida "conciencia" de cada uno. Esto ha llevado a tremendos atropellos y a legitimar conductas absolutamente nocivas para el conjunto de la sociedad.

4. La prevalencia del corto plazo, sobre el largo plazo, con perversos efectos sobre el bienestar del conjunto de la sociedad.

5. La impunidad de conductas destructivas  para el bien común, como queda constatado en las escasas consecuencias judiciales de las actuaciones denunciadas en la sociedad española.

Pero lo más triste es que todo ello sucede con impunidad, sin que el sistema tenga justas respuestas y esta la impunidad queda puesta de manifiesto en la ausencia de condenas judiciales de los responsables de estas entidades. Basta leer el informe elaborado por el senado americano sobre la actuación de distintas entidades financieras al inicio de la crisis para sorprenderse de la impunidad de tales actuaciones, saldadas sólo con elevadas multas económicas, que en absoluto parecen suficientemente disuasorias para evitar que dichas conductas se vuelvan a repetir en un futuro más o menos cercano.