27 de junio de 2013

Necesito ser un idiota

Necesito ser un idiota
Necesito ser un idiota


Optimismo

El optimismo y la felicidad eran un reducto donde los filósofos se explayaban a su gusto y nadie les hacía mucho caso. Todo filósofo que se precie de tal profesión tenía su teoría sobre el tema, Platón, San Agustín, Santo Tomás, Hume Wenzl, incluso los hay descorazonadores como Schopenhauer y Nietzsche…
Creo que el optimismo es la mejor estrategia para afrontar el miedo, la ansiedad, la frustración y la duda ante el futuro incierto que tenemos frente a nosotros.
Todos los tiempos de crisis son tiempos de oportunidad, pero es un hecho difícil de encajar si uno está en un ERE o en el paro, si ve que sus hijos no podrán ir a la universidad o si su familia muchas veces tan sólo subsiste.
Realmente es difícil ver oportunidades en un escenario así, cambiar los patrones mentales, ser positivo; pero aunque resulte paradójico no podemos dejar de intentarlo porque la otra opción es el miedo, la ansiedad, la frustración…

Optimismo y felicidad

Si te das un paseo por Google descubrirás que hay datos para todos los gustos referentes a encuestas realizadas en todos los países del mundo sobre la felicidad del ciudadano de turno. Resulta curioso que a nosotros nos encuestaron en el 2010 y en plena crisis nos pusieron en el quinto lugar del ranking de la felicidad.
Yo también estaba en este país y no sentía que fuéramos una potencia mundial de la felicidad, de otras cosas sí, pero de la felicidad… Me costó entenderlo pero leí a tres gurús de la economía y me quedé más tranquilo: Richard Easterlin, Jeffrey Sachs y Bruno Frey. Ahora ya lo tengo más claro.
Según Richard Easterlin los ingresos medios de Occidente y Japón subieron de manera sorprendente desde la II Guerra Mundial, pero los niveles de satisfacción y felicidad de la gente no cambiaron.
Jeffrey Sachs, añade para más “inri” una curiosa paradoja. Una de las razones principales es que los individuos tienden a medir su felicidad material en comparación con la riqueza de sus vecinos. Si todos son ricos, ya no tiene gracia; lo importante es la posición de uno respecto a la de otros individuos.
Para Bruno Frey tenemos que adaptarnos a una forma de vivir más austera si deseamos volver a ser felices pero Bruno no sabe que eso es algo doloroso porque antes vivíamos bien, comprábamos sin preguntar el precio, viajábamos a países que nadie sabía dónde estaban, bebíamos vinos como los césares romanos… y ahora nos aconsejan que nos olvidemos de todo eso si no queremos ser muy infelices en los próximos años.

Optimismo idiota

Ahora que lo tengo todo más claro me surge una pregunta, si tras el susto de una reducción de sueldo, o un ERE podría llegar a ser pasajero y con el tiempo uno podría adaptarse a la nueva vida que te ofrecen las circunstancias y recuperar la felicidad.
Si necesitas ser optimista y no puedes, decide libremente engañarte a ti mismo diciéndote que todo cambiará pronto. En pocas palabras, decide ser idiota para poder sacar fuerzas y afrontar esta nueva realidad cambiando engañando a tu mente.
Ahora los economistas también se han interesado por el tema y nos ofrecen siete elementos identificados que contribuyen a la felicidad: el dinero, la calidad del trabajo, la salud, relaciones familiares, amistades, valores personales y libertad individual.
Si de estos siete elementos no hay nada que merezca una puntuación por encima del aprobado, te aconsejo que pases a la siguiente fase, deja de ser optimista y hazte idiota porque aunque la situación no cambie, serás feliz.
Yo he decidido que lo mejor que puedo hacer es lanzarme al lago del optimismo como cuando tenía 20 años, de una manera alocada, desenfrenada, idealista y romántica.

¡¡Vamos, como un idiota!!